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Categoría: Medicina

El Derecho de Morir en Paz

 

 

Cuando se habla del derecho a la vida, se olvida que incluido en dicho derecho está también el derecho a una muerte digna. La Eutanasia  del griego Eu, bueno o bien y thanos, muerte, podríamos definirla como la terminación por parte del médico de la vida del paciente, petición del mismo.

Los motivos principales que pueden llevar a un paciente pedir la terminación de su vida son el dolor, el desahucio y el deseo de tener una muerte digna. No confundamos la eutanasia con el desistimiento de un tratamiento que no tenga sentido continuar, ni por supuesto la aplicación de los medios para paliar el dolor, aunque esto acelere o adelante la muerte del paciente.

La polémica sobre la eutanasia, viene fomentada sobretodo por cierta prensa amarillista y por la Iglesia Católica (otra vez Ella). Por supuesto que nadie tiene derecho a quitarle la vida a un semejante, pero el planteamiento de la Iglesia como asesinato, no tiene en cuenta que es el propio enfermo quien solicita poner fin a su vida, ya que este considera que su vida no debe ser prolongada al carecer de las condiciones necesaria para que esta se desarrolle de una manera digna. Es el propio enfermo el que solicita auxilio para hacer cumplir sus deseos y en muchos casos su última voluntad. El deber del médico incluye la asistencia para que su paciente tenga un final digno, y no aplicar tratamientos inútiles y que en muchos casos suponen lo que se llama "encarnizamiento terapéutico".

La Iglesia Católica, siempre afirmo que el sufrimiento y el dolor nos acercaba a Dios, y que debíamos resignarnos a su voluntad. Afortunadamente este concepto ha cambiado dentro de la población, que entiende la vida como momentos de alegría y sufrimiento y que los buenos momento hay que aprovecharlos al máximo.

En 1948 se produce la declaración universal de derechos humanos por la ONU que en su art. 32 de declara abiertamente el derecho que asiste a toda persona a que se respete su vida y la integridad física y moral. A este respecto también es destacable la aprobación en Ginebra del Código Internacional de Deontología Médica.

El papa Pío XII en su discurso ante el Congreso Nacional Italiano de Anestesiología de 24 de febrero de 1957 señaló lo siguiente:

Éste admitía la licitud de la eutanasia si la administración de medicamentos sedantes produjese por un lado el alivio de los dolores aunque éstos produjesen el adelantamiento de la muerte que inevitablemente se va a producir de todos modos.

El mismo papa ratificaría su criterio en el año 58, a través de unas manifestaciones donde aceptaba la licitud moral de la utilización moderada de narcótico que erradiquen el sufrimiento aunque esto último entrañe una muerte más rápida, aunque no querida, pero que de todas maneras resulta inevitables. Las actitudes ultraconservadoras de Juan Pablo II y no digamos del actual Benedicto XVI, han llevado a la condena absoluta de toda practica para aliviar el sufrimiento del paciente (basta recordar como se produjo la muerte del papa polaco).

Los avances científicos y técnicos en medicina, propician que la prolongación de la vida se pueda realizar de forma artificial, un paciente puede estar conectado a un respirador durante mucho tiempo, pero sin visos de recuperación.

El deber del médico pues  es el de comunicar al paciente o en su caso a sus familiares de manera clara y adecuada todas las posibilidades médicas existentes para intentar paliar en cierta manera los efectos más desagradables de su enfermedad. Si resulta que las posibilidades de recuperación son previsiblemente nulas, lo que se trata es de poner a disposición del enfermo los instrumentos y tratamientos adecuados para mejorar su calidad de vida y, en esencia, aliviar el dolor tanto físico como psíquico.

El testamento vital es un documento donde el enfermo puede elegir y rechazar el tratamiento médico que se le fuera a aplicar con el objeto de paliar dolores y sufrimientos innecesarios. Esta determinación puede hacerse también a través del consentimiento de los familiares en caso de incapacidad y a través del asesoramiento de un facultativo médico.

Se trata por tanto, de conseguir la legalización de la eutanasia pasiva de modo que no se inicie ni se continúe un tratamiento si el enfermo así lo determina de manera consciente y libre. Incluso se estima la posibilidad de cesar los tratamientos que prolongan inútilmente la vida y la administración de tratamientos que alivien el dolor aunque aceleren el momento del fallecimiento.

En cuanto a la eutanasia activa existen pocos países que la hayan legalizado. Holanda en el año 2002 aprobó la Ley de Eutanasia.  http://www.imagina.org/archivos/archivos_vi/eu_Holanda.htm

Para una persona sana no seria licito el suicidio ya que  tiene deberes que implican a los demás y a si mismo, pero una persona enferma terminal no tiene más deberes que cumplir ya que no actúa autónomamente.

El mantenimiento de su vida no resulta ningún beneficio o provecho para la sociedad. Por tanto, es razonable que sea aceptada su voluntad de poner fin a su vida dejando por tanto de sacrificar a su familia y amigos y a si mismo.

La prolongación de la vida de un enfermo en tales circunstancias puede resultar mucho más doloroso que procurarse una muerte inmediata tranquila y sin dolor.

P.B.

4, abr | 15 comentarios Posteado por: pedro-botero En: Politica Medicina compártelo Tags: eutanasia, enfermedad, terminal, dolor, muerte